Cómo el miedo a perderse algo (FOMO) y el sistema de recompensa del cerebro nos mantienen enganchados a las redes sociales
Vivimos en una era digital en la que las redes sociales forman parte de nuestra rutina diaria. Nos informan, nos entretienen y nos conectan. Sin embargo, también se han convertido en uno de los principales detonantes de la adicción digital, al activar de forma constante mecanismos psicológicos y neurobiológicos muy potentes.
Entre ellos destacan dos elementos clave: el FOMO (Fear of Missing Out) y la dopamina, que juntos crean una auténtica trampa perfecta. Una dinámica que explica por qué resulta tan difícil desconectarse, incluso cuando sabemos que el uso excesivo de redes sociales está afectando a nuestra salud mental.
¿Qué es el FOMO y por qué es tan potente?
El FOMO, o miedo a perderse algo, es la sensación persistente de que otras personas están viviendo experiencias importantes, interesantes o gratificantes mientras nosotros no estamos presentes.
En el contexto digital, este miedo se intensifica por la exposición constante a redes sociales como Instagram, TikTok, Facebook o X, donde se muestran versiones cuidadosamente editadas de la realidad:
viajes, éxito profesional, cuerpos ideales, relaciones felices y momentos de ocio permanente.
Este bombardeo genera una percepción distorsionada:
“Si no estoy conectado, me estoy quedando atrás.”
El FOMO se asocia directamente con ansiedad, necesidad de validación externa y dependencia de la aprobación social, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, aunque cada vez afecta a más perfiles.

Dopamina: el motor invisible de las redes sociales
La dopamina es un neurotransmisor fundamental del sistema de recompensa del cerebro. No está relacionada tanto con el placer en sí, sino con la anticipación del placer. Es decir, con el “a ver qué pasa ahora”.
Las redes sociales están diseñadas para activar este sistema de forma constante a través de:
- Notificaciones
- Likes
- Comentarios
- Visualizaciones
- Contenido infinito (scroll sin fin)
Cada interacción supone un pequeño pico de dopamina, que refuerza el comportamiento y nos impulsa a seguir mirando, revisando y actualizando.
El problema no es la dopamina en sí, sino su estimulación repetida, impredecible y constante, muy similar a la que se produce en otras adicciones comportamentales como el juego.
FOMO + dopamina: cómo se construye la trampa perfecta
El FOMO genera ansiedad anticipatoria: miedo a no estar, a no saber, a no formar parte.
La dopamina ofrece una recompensa inmediata cada vez que comprobamos que seguimos “dentro”.
El resultado es un ciclo muy difícil de romper:
- Miedo a perderse algo
- Revisión compulsiva de redes
- Recompensa dopaminérgica
- Alivio momentáneo
- Vuelta al miedo y la ansiedad
Este ciclo refuerza el uso constante del móvil y debilita progresivamente:
- La capacidad de concentración
- La tolerancia al aburrimiento
- La regulación emocional
- La autoestima
Con el tiempo, la persona no usa las redes por disfrute, sino para evitar el malestar.
Impacto del FOMO y la dopamina en la salud mental
La evidencia clínica y psicológica relaciona este patrón con múltiples consecuencias:
Ansiedad y estrés crónico
La necesidad de estar siempre conectado genera hipervigilancia y dificultad para relajarse.
Baja autoestima
La comparación constante con vidas aparentemente perfectas alimenta sentimientos de insuficiencia.
Aislamiento social
Paradójicamente, cuanto mayor es la hiperconexión digital, mayor puede ser la sensación de soledad emocional.
Alteraciones del sueño
El uso nocturno de redes sociales afecta al descanso y al equilibrio emocional.
Síntomas depresivos
La frustración constante y la comparación social negativa pueden derivar en tristeza persistente y desmotivación.
Además, el cerebro se acostumbra a niveles altos de estimulación, haciendo que la vida cotidiana resulte “aburrida” sin el refuerzo digital.
¿Cómo salir de la trampa del FOMO y la dopamina?
Romper este ciclo no es cuestión de fuerza de voluntad, sino de conciencia, límites y reaprendizaje emocional. Algunas estrategias útiles son:
Establecer límites de uso digital
Definir horarios concretos para redes sociales y respetar momentos sin pantalla.
Reducir estímulos innecesarios
Desactivar notificaciones disminuye la activación constante del sistema de recompensa.
Entrenar la atención plena
El mindfulness ayuda a recuperar la capacidad de estar presente sin necesidad de estímulos externos.
Recuperar actividades offline
Deporte, lectura, creatividad y contacto social real reequilibran el sistema dopaminérgico.
Revisar el sentido del uso
Preguntarse:
“¿Para qué uso las redes ahora mismo?”
es clave para pasar del impulso a la elección consciente.
Conclusión
El FOMO y la dopamina no son casualidades: son mecanismos perfectamente integrados en el diseño de las redes sociales. Entender cómo funcionan es el primer paso para dejar de caer en la trampa.
No se trata de eliminar la tecnología, sino de recuperar el control, reconstruir la relación con el móvil y proteger la salud mental en un entorno digital cada vez más exigente.
En el CTAC (Centre de Tractament d’Addiccions Comportamentals) trabajamos con personas que sienten que las redes sociales han pasado de ser una herramienta a convertirse en una fuente de malestar. Acompañamos procesos de adicción digital, uso problemático del móvil y dificultades de regulación emocional, desde un enfoque terapéutico cercano, riguroso y basado en la evidencia.


